El Proceso de Formación en la Vida de Moisés

Hola, buen día. Le saluda Bibiana Peña Blanco.

Una historia sobre la que tal vez hayan escuchado es la vida de Moisés.

En ella podemos notar la necesidad de ser formados y de vivir los procesos de Dios, ya que estos nos preparan para avanzar.

Moisés se educó en el palacio del faraón de Egipto y, mientras crecía hacia la adultez, comenzó a identificarse con el sufrimiento de su pueblo.

De la corte egipcia al desierto de Madián

En una ocasión, al presenciar que un egipcio golpeaba a un esclavo hebreo, intervino y mató al egipcio.

Al dimensionar lo que había hecho, tuvo que huir a Madián, donde vivió cerca de cuarenta años.

Allí conoció a su esposa, tuvo hijos y trabajó como pastor de ovejas.

Pasó de ser un príncipe en el palacio a ser un pastor en los campos de Madián. Fue en ese tiempo cuando tuvo un encuentro con Dios en la zarza ardiente.

El llamado y la liberación del pueblo

Allí fue llamado para ser el salvador de su pueblo. A pesar de que inicialmente presentó excusas, Moisés accedió a obedecer.

Se enfrentó al faraón para liberar al pueblo de la esclavitud. Tras el éxodo, Moisés llevó al pueblo a la orilla del Mar Rojo.

Dios realizó un milagro grandioso al dividir las aguas, permitiendo que los hebreos cruzaran mientras el ejército egipcio perecía.

Finalmente, llegaron al Sinaí, el desierto donde pasarían otros cuarenta años.

La madurez y el moldeamiento del carácter

Notemos que, aunque era un hombre de acción, Moisés poseía un temperamento fuerte y era propenso a decisiones imprudentes.

Dios quería usarlo como Su instrumento de salvación, pero antes debía formarlo profundamente.

Moisés necesitó tiempo para crecer, madurar y aprender a ser manso y humilde, cualidades indispensables para el liderazgo.

Sus cuarenta años en Madián, llevando una vida sencilla, le sirvieron de formación. No podemos subestimar lo que parece cotidiano.

Las tres estaciones de una vida con propósito

Dios tomó a un hombre impulsivo y moldeó en él al instrumento perfecto. Su vida se divide en tres estaciones:

  • Primera etapa: Cuarenta años viviendo como príncipe en Egipto.
  • Segunda etapa: Cuarenta años en la humildad del pastoreo en Madián.
  • Tercera etapa: Cuarenta años liderando al pueblo hacia la Tierra Prometida.

Cada etapa y cada error lo moldearon para cumplir su misión divina.

Una relación íntima y cara a cara

En Éxodo 33:11, se nos dice que el Señor acostumbraba hablar con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo.

“Mira, tú me pides que suba a este pueblo… te ruego que me hagas conocer tus caminos para que yo te conozca y halle gracia ante ti”. — Moisés.

“Mi presencia irá contigo y yo te daré descanso”. — Dios.

Conclusión: Aceptar la formación diaria

Moisés cultivó una relación íntima con Dios en medio del desierto.

Es en la formación —que a veces se torna dura— cuando más debemos rogar a Dios que nos permita conocer Sus caminos.

Si aceptamos Su formación y asumimos cada temporada como necesaria, escucharemos Su voz prometiéndonos paz y descanso.

Que tengan un feliz día. Bendiciones.

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