¡Buenos días a todos! Les saluda Bibiana Peña Blanco, y desde el Centro de Formación Cristiano (CFC), nos regocijamos en este día que hizo el Señor, invitándolos a sentir la luz y el canto de la creación en sus corazones. Hoy, exploraremos una faceta poderosa y a menudo desafiante del nacimiento de Jesús, un episodio cargado de fuerza histórica y teológica que resuena profundamente en nuestras vidas familiares actuales.
La Sombra de Herodes: Una Amenaza a la Promesa Divina
Recordarán que la llegada del futuro Rey de los Judíos, reconocido por los sabios de oriente, no fue recibida con alegría por todos. Herodes, consumido por el temor y la paranoia, se sintió tan amenazado que su respuesta fue una de las más oscuras en la historia bíblica: la orden de matar a todos los niños menores de dos años en Belén y sus alrededores. Esta terrible decisión, conocida como la masacre de los inocentes, nos muestra la magnitud del odio y la envidia que el Mesías enfrentó desde su más tierna infancia. Los historiadores describen a Herodes como un psicópata, y si consideramos que Belén era un lugar pequeño, con quizás mil habitantes y una alta mortalidad infantil, el número de niños afectados podría haber sido de entre 15 a 20. Entre ellos, el Señor Jesús era el objetivo principal.
“Después de que los sabios se fueron, un ángel del Señor se le apareció a José en un sueño y le dijo: ‘Levántate, huye a Egipto con el niño y su madre, y quédate allí hasta que yo te diga que regreses, porque Herodes buscará al niño para matarlo’. Esa noche, José salió para Egipto con el niño y con María, su madre, y se quedaron allí hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que el Señor había dicho por medio del profeta: ‘De Egipto llamé a mi hijo’.” (Mateo 2:13-15 NVI)
Obediencia y Resguardo: La Familia Guiada por el Plan de Dios
Frente a esta amenaza inminente, la respuesta de José y María fue de una obediencia inmediata y radical. El ángel del Señor se apareció a José en un sueño, instruyéndole a huir a Egipto. Sin dudar, esa misma noche, José tomó al niño y a su madre y partió. Este acto no solo salvó la vida de Jesús, sino que también cumplió una profecía antigua. Este episodio nos narra las penurias y el peligro extremo que Jesús corrió siendo apenas un bebé, víctima del odio, el desprecio, la envidia y la codicia humana.
Pero más allá de la adversidad, este relato nos ofrece una lección crucial sobre la unidad familiar. José y María no renegaron, no se desesperaron ante la inestabilidad y el peligro que enfrentaba su recién formada familia. Por el contrario, actuaron con fe y determinación, convencidos de que estaban siendo parte del plan de Dios. Ellos no pudieron evitar la situación, pero la enfrentaron juntos, apoyándose mutuamente y confiando en la providencia divina.
La Familia como Fortaleza: Un Ejemplo para Hoy
La frase “la unión hace la fuerza” cobra un significado profundo aquí. Una pareja unida por una visión celestial, como José y María protegiendo al Hijo de la promesa, es invencible. ¿Cómo estamos enfrentando nosotros los percances familiares en nuestro día a día? ¿Nos desesperamos, o confiamos en que Dios nos acompaña y nos guía? La historia de la huida a Egipto nos recuerda que, aun en los momentos más oscuros, la obediencia, la unidad y la fe en Dios son nuestro mayor escudo.
Hoy les invito a resaltar y fortalecer la unidad familiar en sus hogares. Meditemos en cómo podemos, al igual que José y María, enfrentar las duras situaciones no con miedo, sino con la certeza de que Dios está con nosotros. Oremos por nuestras familias, para que sean fortalezas de fe, amor y unidad, capaces de superar cualquier tormenta.
¡Que tengan un feliz y bendecido día!