Buen día, les saluda Bibiana Peña Blanco. A menudo, en la narrativa bíblica, saltamos de la infancia de Jesús directamente a su ministerio adulto, dejando de lado un periodo crucial de transición. Sin embargo, el evangelista Lucas nos ofrece una ventana única a la vida de Jesús a la tierna edad de 12 años, un momento que revela su profunda conexión con Dios y plantea preguntas esenciales sobre nuestra propia educación espiritual y la de nuestros hijos. ¿Estás listo para descubrir una faceta de Jesús que rara vez se predica y que transformará tu perspectiva?
El ‘Hijo Perdido’ y el Asombroso Hallazgo en el Templo
La historia comienza cuando Jesús y su familia, siguiendo la tradición, suben a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Tras la celebración, emprenden el camino de regreso a Nazaret, pero algo extraordinario sucede: Jesús se queda en Jerusalén. Al principio, sus padres, María y José, no notan su ausencia, asumiendo que está entre sus parientes y amigos en la caravana. Pero a medida que la noche cae y Jesús no aparece, la preocupación se convierte en desesperación. Regresan a Jerusalén, y después de tres angustiosos días de búsqueda, lo encuentran en el lugar menos esperado, y haciendo algo aún más sorprendente…
La Prioridad de Jesús: “En los Negocios de Mi Padre Me Es Necesario Estar”
Finalmente, lo encontraron en el templo, no como un niño perdido asustado, sino sentado entre los maestros religiosos, escuchándolos y haciéndoles preguntas. El asombro era general: “Todos los que lo oían quedaban asombrados de su entendimiento y de sus respuestas”. Sus padres, aliviados pero confundidos, no sabían qué pensar. La madre de Jesús le pregunta: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo hemos estado desesperados buscándote por todas partes”. La respuesta de Jesús, sin embargo, revela una conciencia mesiánica precoz y una profunda verdad espiritual: “¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que tengo que estar en la casa de mi Padre?” (Lucas 2:49). En otra versión, se nos dice “en los negocios de mi Padre me es necesario estar”. Desde temprana edad, Jesús reconocía la paternidad de Dios y la prioridad de Su obra.
Obediencia Terrenal y Crecimiento Espiritual: El Modelo de Jesús
A pesar de su profunda comprensión de su identidad divina y su misión, el relato de Lucas no termina ahí. “Luego regresó con sus padres a Nazaret y vivió en obediencia a ellos. Y su madre guardó todas esas cosas en el corazón. Jesús crecía en sabiduría y en estatura y en el favor de Dios y de toda la gente” (Lucas 2:51-52). Aquí vemos una enseñanza crucial: Jesús, siendo Dios encarnado, el Hijo único del Padre celestial, también reconoció y se sometió a la autoridad de María y José. Su crecimiento no fue solo espiritual, sino también en sabiduría, estatura, y en gracia con Dios y con los hombres. Esto nos muestra que la verdadera espiritualidad no anula la obediencia a las autoridades terrenales legítimas, sino que la complementa.
La Necesidad de Buscar a Dios: Un Desafío para Padres y Creyentes
La pregunta que surge de esta poderosa historia, como bien lo señala Bibiana Peña Blanco, es sobre la educación que recibió Jesús y la que impartimos nosotros. Si el mismo Jesús, a los 12 años, entendía que “estar en la casa de Su Padre” era una necesidad, ¿cuánto estamos cultivando esa misma “necesidad” en nuestros propios corazones y en los de nuestros hijos? No se trataba de que Jesús entendiera esto solo por ser Dios, sino porque había recibido una educación que cultivaba el amor por las Escrituras y la presencia de Dios. Reflexionemos: ¿Buscamos a Dios por auténtica necesidad, o como un medio para un fin? Y más importante aún, ¿estamos orientando a nuestros hijos desde temprana edad a comprender la gran necesidad de una vida espiritual activa, de la búsqueda y el conocimiento de Dios, así como los orientamos a practicar un deporte o aprender un idioma? Que nuestro anhelo por Dios sea una convicción, no una conveniencia.
Cada año los padres de Jesús iban a Jerusalén para la festividad de la Pascua. Cuando Jesús tenía doce años, asistieron al festival como siempre. Una vez terminada la celebración, emprendieron el regreso a Nazaret, pero Jesús se quedó en Jerusalén. Al principio sus padres no se dieron cuenta porque creyeron que estaba entre los otros viajeros. Pero cuando se hizo de noche y no aparecía, comenzaron a buscarlo entre sus parientes y amigos. Como no pudieron encontrarlo, regresaron a Jerusalén para buscarlo allí. Tres días después por fin lo encontraron en el templo sentado entre los maestros religiosos, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían quedaban asombrados de su entendimiento y de sus respuestas. Sus padres no sabían qué pensar.
«Hijo, ¿por qué nos has hecho esto?», le dijo su madre. «Tu padre y yo hemos estado desesperados buscándote por todas partes».
«¿Pero por qué tuvieron que buscarme?», les preguntó Jesús. «¿No sabían que tengo que estar en la casa de mi Padre?».
Pero ellos no entendieron lo que les quiso decir. Luego regresó con sus padres a Nazaret y vivió en obediencia a ellos. Y su madre guardó todas esas cosas en el corazón.
— Lucas 2:41-51 (NTV)
Hoy, oramos para que tanto nosotros como nuestros hijos, podamos crecer en sabiduría, estatura y en el favor de Dios y de toda la gente, reconociendo la vital “necesidad” de buscarlo y permanecer en Su presencia. Que tengan un feliz día, y que el corazón ya tenga luz y cante la creación, cante, cante la creación.